jueves, diciembre 21, 2006

Extraños en la noche

Extraños en la Noche

Le gustaba ir por el centro los sábados a la noche. Entrar en las librerias, disquerias y quedarse leyendo y escuchando lo que no podía comprar. Entró a la libreria Losada. Pero este sábado otoñal, no le llamó la atención ningún libro, ningún disco.
Entró y lo vió.
Vió sus manos delicadas, grandes, con un anillo plateado en su dedo meñique. (Las manos eran lo que primero observaba, creía que éstas eran las futuras generadoras de la pasión). No podía dejar de observarlo, de ir a los detalles. Era alto, de pelo grueso y oscuro, piel trigueña y nariz grande.
Se acerco a él para ver que leía... "Moliere" dijo para sí.
-"Perdon?" Le habló él inesperadamente. Ella levantó la mirada, sin entender porque.. "me hablaste?" volvió a insistir él. Ella no pudo mas que contestarle con una sonrisa. Se dio cuenta que no fue para sí lo que dijo, sino que lo había dicho en voz alta.
-"no, no dije nada, sólo leí el autor de tu libro, me gusta Moliere, su humor", le dijo ella, timidamente.
- "Yo nunca lo leí" le confesó el hombre ya atraído por esta mujer, de sonrisa fácil y pícara como de niña, y de ojos grandes e inquietos como sus manos al hablar.
Ella usaba el mismo perfume de un viejo amor que tuvo él, que lo hacia alejarse y al mismo tiempo acercarse a ella.
La volvió a mirar. Ella en cambio nunca dejó de hacerlo.

Salieron de la libreria, y empezaron a caminar por la avenida corrientes, hacia al abasto. Ella se detuvo en una puerta, saco una llave, y lo miró a los ojos. Su mirada se cerró suavemente, y se abrió en direccion a la puerta; y en un acuerdo silencioso, entraron.
Ella lo besó en el cuello, mientras él le desabotonaba su camisa, un boton otro y otro. Le descubrio soutien blanco, tan hermoso y exitante que decidió no sacárselo, para seguir observándola. Se entendieron, sus cuerpos fueron permeables.
Se olieron, se movieron, y se mojaron.

Amaneció, y el sol se llevó a la noche, dejándola en el pasado.

Una semana después, el sábado por la noche la encontró en Av. corrientes al 1700, entrando en librerias, y disquerias, para leer y escuchar lo que no podía comprar.
Libería Losada. Entró y lo vio.
Su misma estatura, con pelo rizado, rubio, mucha barba, una piel casi transparente. Se acercó a él para ver que leía.
Mientras daba sus pasos cortos y lentos, pero bien firmes y seguros, pensó ..."Tendré suerte?!"

miércoles, diciembre 20, 2006

viernes, octubre 20, 2006

Momentos

MOMENTOS

Terminé de hacer el budín, y le espolvoreé azúcar por arriba. Nunca lo había hecho así, pero no podía quedar mal. Busqué bandejas por la cocina, y debajo de la mesada encontré una de color blanco. Pasé el budín a la bandeja, lo tape con un repasador, y busque un papel.
“Voy a dar una vuelta, son las 20.15” escribí, pensando si estaría bien que me vaya así, dejando una nota, pero cuando fui a verlo para decirle, y preguntarle si quizás quería acompañarme, seguía durmiendo en el sillón con sus brazos sobre el pecho... Entonces dejé la nota en el desayunador, al lado del budín y me fui.

No conocía Comodoro Rivadavia, pero me paso lo de siempre. Eso de familiarizarme con los lugares, con la gente. Salí de la casa, buscando qué hacer. Caminar fue la primera actividad, la segunda fue pensar hacia donde. Recordé que Ana Maria cargaba gas en una Estación de Servicio a unas cuadras de la casa y hasta ahí fui.

-“Un jugo de naranja, un chocolate Block y un Philip de diez, por favor”, recuerdo pedirle a la cajera.
Busqué el diario local, y me senté en unos de esos bancos altos, con un mostrador que da vista a la estación. Leyendo sobre los nuevos convenios sobre el petróleo y la pesca entre Chubut y Santa Cruz, tome mi jugo y comí el chocolate. Debajo de esa noticia, había otra, en la que una mamá felicitaba a su hija por su titulo de Kinesióloga.
La gente entraba y salía de la Estación, y mi lectura era interrumpida ya que mi cabeza subía y bajaba buscándolo. Mientras encendí un cigarrilo, pense que él estaba durmiendo y si se hubiera despertado, como sabría que yo estaba ahí? Exhalé. Mi búsqueda era inútil.

Seguí leyendo, hasta que un tono musical proveniente de mi teléfono celular sonó.
Lo tomé y era un mensaje de texto que decía: “Donde estás caminadora?”. Sonreí. Me di cuenta de que linda era la sensación de tenerlo un poquito lejos y poder extrañarlo, y poder pensar en él. Son esos espacios vitales, que permiten fantasear y acordarse de momentos, de palabras, de miradas... Empezaba a sentirme bien, sabiendo que nos estábamos pensando...
Cerré el diario y escribí “En la estación de Servicio” pero al querer enviarlo, el teléfono me informa de la falta de crédito. Decidi irme al locutorio de enfrente para comprar una tarjeta.

-“No me quedan más” dijo la empleada, mientras me daba indicaciones para llegar al próximo lugar que podría tener.
Caminé por la misma calle por la cual llegue a la Estación. Al detenerme en una esquina, paso una camioneta azul, y el hombre que conducía me miró. Frenó y bajo la ventanilla. Al verlo, volví a sonreír.
Era él, buscando a la caminadora y la encontró.

jueves, octubre 19, 2006

Chejov

Consejos para escritores Anton Chejov

Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.
Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.
Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.
No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.
No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en
ellos está la fuerza, aunque sean pocos

martes, septiembre 19, 2006

El anciano y el niño (Anónimo hindú) Para MAX!

Eran un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.
Llegaron a una aldea caminando junto al asno y, al pasar por ella, un grupo de mozalbetes se rió de ellos, gritando:
-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.
Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al pasar por el mismo, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Dijeron:
-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y pobre niño caminando.
Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos.
Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando las gentes los vieron, exclamaron escandalizados:
-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
-¡Qué vergüenza!
Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:
-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal!
El anciano y el niño optaron por cargar al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:
-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!
De repente, el burro se revolvió, se precipitó en un barranco y murió.

lunes, septiembre 18, 2006

¿Qué es el amor?

Hay vínculos que se eligen y se construyen, hay vínculos que no se eligen, pero sí se elige la forma en la que se lo quiere construir. Existe el vínculo hacia los padres, en la cual la mayoría de las veces se les tiene un amor incondicional, el vínculo hacia los hijos, los tíos, los abuelos, los hermanos, los primos, los amigos, la pareja. También está el vínculo con los gatos y los perros, que tienen un amor incondicional hacia el hombre.

Hay amores fraternales, maternos, eróticos y a sí mismo.
Dentro del amor hay planificaciones que pueden llevar una vida tomarlas. Hay proyectos de convivencia, o de viaje, con amigos, con la pareja, con la familia. Hay miedos, esperanzas, alegrías, sorpresas, crecimientos, encuentros, desencuentros, olvidos necesarios y recuerdos vitales.Para nombrar a un ser querido se dice mi amor, dulce, corazón, mi vida, amor, lindo, hermoso, gordito, belleza. Una situación puede hacer sonreír, llorar, esperar, ansiar, gritar o saltar.
El amor puede generar ansiedad y ésta puede dejar que se esté despierto toda una noche, o hacer que se pierda el apetito. El amor también, produce un estado de humor exquisito.

Por amor se seduce, se conquista, se ama, se quiere, mucho, se necesita, se piensa en el otro, se enamora, se sana. Con amor se puede inspirar o estimular a alguien, darle energía y ganas. Se escribe cartas de amor, se llama por teléfono, se envía un mail con amor.

Hay carreras universitarias, libros, música, pinturas, cuadros, películas, deportes, que generan pasiones, angustias, éxitos, frustraciones, recuerdos… En fin…

“El amor es un arte, tal como es un arte el vivir”(1) El amor se materializa, al ver el arte que cada persona emplea para construir una relación, o hacer que perdure. Cada persona, cada vida, construye su arte de amar, propio, individual, único; de acuerdo a como piensa y actúa. Es éste arte el que, caracteriza a las personas. Hay tantas formas de practicar el arte de amar, como vidas, haya en el mundo.



(1)Fromm Erich “El arte de amar”, Bs. As. Paidos, 1992, Pág.16.

El ciervo escondido (Anonimo Chino)

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.
-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:
-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:
-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

By Klimt