jueves, marzo 20, 2008

Entonces

Llegó a su casa agotada. Con cansancio, estrés, sentía que sus días avanzaban más rápidos y furiosos que otros, el tiempo se le esfumaba. Todo parecía pasar sin detenerse.

Dejó su cartera en el sillón y se sacó los zapatos.. respiró, contuvo el aire por unos segundos y exhaló despacio mientras observaba su casa.. empezó a caminar descalza queriendo sentir el piso frío en sus pies y jugaba con sus manos, tocando los muebles, siguiendo con su dedo índice los bordes de la mesa, las sillas.. como reconociendo su casa con otra mirada. Se ubicó en su sensibilidad desde un lugar nuevo, viendo todo como una niña que abre sus ojos por primera vez. Entendió que necesitaba vivir esa noche de una forma lenta.

Al pasar por la cocina, recordó las veces que tuvieron sexo ahí. Pero sólo pudo acordarse de todas esas veces en las que tuvo un orgasmo, en las que sintió que había tiempo para observarlo, y ver en sus gestos lo que le gustaba... y las que hubo risas por tropiezos y miradas cómplices hasta poder encontrar una posición agradable para los dos.. o las veces en que la comida se mezclaba entre sus cuerpos... él tomando un sorbo de vino, para después besarla con sabor a uvas.

Fue hasta el baño, que estaba seco y limpio, cerró sus ojos y al abrirlos lo imaginó húmedo, con toallas y ropa en el piso. Sus piernas ya no estaban con ella.. Estaban dentro de la bañera abiertas, sintiendo la cercanía de la pelvis de su hombre. Su cabeza se inclinaba hacia atrás, y su cuello comenzaba a mojarse al sentir los besos y la lengua de él que jugaba haciendo círculos, hasta llegar a sus oídos para gemirle despacio. Escucharlo gemir la excitaba tanto que en esos momentos desconocía si la bañera estaba ahí o volaba por la ciudad.

Llegó a la habitación descansada y con una sonrisa suave.. con la sensación de haber aterrizado de ese viaje urbano.

Se desvistió. Desabrochó el cierre de su falda, la deslizo despacio, y primero intentó reconocer la sensación de sus manos al rozar sus piernas y luego el sentir de sus piernas, por sus manos.

En la mesa de luz, tenía un aceite con olor a jazmín, lo destapó y comenzó a echar unas gotitas por sus brazos y observaba como su piel se iba mentolando y suavizando... Se recostó en la cama, y estaba quedándose dormida, cuando escuchó la llave en la cerradura de la puerta.

Al llegar, encontró la casa distinta.. las luces.. el aroma.. Dejó su mochila al lado de la cartera de su mujer, y fue a la habitación. La vio desnuda y serena, y de alguna forma logró conectarse con ella, sin necesidad de palabras. Se desnudó, fue hacia la cama, la besó mientras acariciaba su pelo y luego la abrazó fuerte, sin ningún pensamiento que atravesara el momento. Solos en la cama, desnudos en silencio, pero con el sonido de sus corazones.

Recostada sobre su pecho, sintió que el tiempo sólo lo marcaban sus latidos.

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miércoles, marzo 19, 2008

FERIA

Berenice caminaba del lateral derecho al izquierdo en el stand de libros. Su mirada ya no sabía qué es lo que miraba y sus oídos se adelantaban al sonido de la música al escuchar la misma melodía una y otra vez. Sus pies ya no pedían descanso porque de alguna forma sabían que no se les iba a conceder.

La gente entraba y Berenice se perdía mirando sus caras, oliendo los diferentes aromas que emanaba toda esta muchedumbre de personajes. Caras de todos los colores, peinados raros, modernos y pelados, hombres con anteojos rotos, y un hombre que se había comprado un par de urgencia en el quisco de la esquina; había señores con barba, con patillas, mujeres con carteras enormes, otras con zapatos de tacos altos, con párpados súper maquillados de azul y rosa, otra con tintura rubia de más de un año, con joyas en sus manos, y una niña adolescente con un beso caliente recibido en la entrada del stand, quedándole un rastro de saliva estampado que simulaba ser un bigote brillante.

Entre toda esa multitud, Berenice, sintiéndose parte de la gente. Sintiendo que ella se transformaba en el anillo dorado de esa mujer, y después en la barba del otro hombre.

Salió del stand en su horario de almuerzo con la necesidad de dejar atrás esas mareadas imágenes de gente, y buscó reencontrarse primero con sus pensamientos, con su voz interior y luego, con su ritmo corporal.

Decidió comprar dos porciones de pizza para llevárselos a la plaza y comer pausada. Cruzó la Avenida Santa Fe, entró a un restaurante que también apestaba de gente, y pensó que sería mejor irse de allí lo más rápido posible, pero vio a un hombre que estaba terminando de comer su última porción, y sin pensarlo se acercó a él, se reconocieron y sonrieron por este encuentro casual.

Se saludaron con un beso en sus mejillas y ella le comentó que estaba trabajando en la Feria del Libro, a lo que él le respondió que también y volvieron a sonreír por ésta segunda casualidad.

- En qué stand estás?

-610- Respondió ella.

-Después paso a visitarte entonces...

El hombre llamó al mozo, abonó su cuenta, se levantó de su asiento, y al acercarse a ella la tomo por su cintura y le dijo al oído: “chau corazón”.

Se dio vuelta, lo vio irse y al sentirse sonrojada, un cosquilleo le corrió por todo el cuerpo. Se sentó en esa silla tibia que hasta hace un rato ocupó este hombre conocido, pero de alguna forma era un hombre nuevo. “Chau corazón” repetía una y otra vez su mente, pero no con su propia voz, sino con la voz de aquel hombre.

Se sintió extraña, tanto, que olvidó que hacía allí sentada. El mozo se acercó con la carta y le preguntó qué iba a pedir.

-Dos porciones de espinaca con salsa blanca y un agua mineral sin gas.

Las comió mirando hacia fuera, y sonriendo por dentro.

A la hora, nuevamente inmersa en ese mar de personas, vio emerger a este hombre y no pudo contener sus fantasías al desnudarlo en su mente, en el caminar hacia ella pero al llegar a las partes bajas, descubre que la mano de este hombre tomaba la de una mujer.

-Hola!

-Que tal? Dijo ella, asombrada.

-Ella es Sofía, mi novia.

-Ah! No sabía que dejaban entrar novias a la feria!- Dijo, y guiñó un ojo mirando a Sofía.

Rieron y Sofía se alejó unos metros para entrar al stand.

Ellos siguieron hablando un rato más, sobre la temperatura del día, y la cantidad de gente que paseaba por los pasillos de este gran circo del libro.

El fue a buscar a Sofía, y se quedaron unos minutos observando libros.

Berenice, entendió que ya era demasiada charla por ese día, se despidió de los dos, y se fueron.

Volvió a su puesto de trabajo, y al rato una compañera acercándose a ella, le dijo:

- Me dejaron esta nota para vos.

“Sos hermosa, me encantaría tenerte conmigo... Voy a estar afuera esperándote...”

Lo leyó, y subió su mirada intentando buscar inútilmente a esa persona que escribió aquellas palabras.

Guardó el papel en su bolsillo trasero. Lo tomó nuevamente, observó la letra y creyó saber de quién era y volvió a guardarlo.

Decidida, se dirigió a su jefe, diciéndole que necesitaba ir al baño.

Caminó hacia la salida, y jugaba e imaginaba en su mente que le arrebataba la boina a un viejo, anteojos de sol a una adolescente, y un piloto de lluvia a una señora, para estar disfrazada y que aquel individuo no pudiera verla... sólo quería vislumbrar de lejos a la persona que la había elegido entre miles.

Pero cuando la vio, deseó estar desnuda.

La estaba esperando a la vuelta del pabellón, en la salida del predio, con un saco que calmaba el frío de esa noche.

Al acercarse, los ojos de Berenice se iban iluminando de una forma pícara y buscó complicidad en sus miradas y la encontró.

Se acercó, se abrazaron y al sentir su cuerpo temblar, desabrochó su saco y la abrazó con él. Inmediatamente sus pechos se rozaron, y ese sentir calentó los cuerpos. Se miraron a los ojos y lentamente sus bocas se acercaron hasta rozarse, subió una mano hacia sus tetas y le pellizcó los pezones que estaban duros. Berenice sonrió sobre los otros labios y cerró sus ojos sintiendo solamente esa mano en su pecho, tomó un sorbo de aire, lo mantuvo unos segundos dentro y luego le gimió al oído. Sus bocas volvieron a juntarse y sus lenguas comenzaron a nadar suavemente.

La gente pasaba y detenía un instante sus pasos para ver ese beso.

-Pensé que no ibas a venir...

Quería saber si eras vos, Sofía. Hace mucho tiempo que no nos veíamos. No podían dejar de mirarse a los ojos.

Los visitantes de la Feria comenzaban a irse como una enorme manada ansiosa y tropezaban y chocaban sus cuerpos con fuerza para salir primeros.

Pero Berenice ya no los veía, tampoco los sentía. Llevaba dentro de sí un beso y un secreto,

y por fuera, a ella misma, ahora su piel era el límite.