viernes, octubre 20, 2006

Momentos

MOMENTOS

Terminé de hacer el budín, y le espolvoreé azúcar por arriba. Nunca lo había hecho así, pero no podía quedar mal. Busqué bandejas por la cocina, y debajo de la mesada encontré una de color blanco. Pasé el budín a la bandeja, lo tape con un repasador, y busque un papel.
“Voy a dar una vuelta, son las 20.15” escribí, pensando si estaría bien que me vaya así, dejando una nota, pero cuando fui a verlo para decirle, y preguntarle si quizás quería acompañarme, seguía durmiendo en el sillón con sus brazos sobre el pecho... Entonces dejé la nota en el desayunador, al lado del budín y me fui.

No conocía Comodoro Rivadavia, pero me paso lo de siempre. Eso de familiarizarme con los lugares, con la gente. Salí de la casa, buscando qué hacer. Caminar fue la primera actividad, la segunda fue pensar hacia donde. Recordé que Ana Maria cargaba gas en una Estación de Servicio a unas cuadras de la casa y hasta ahí fui.

-“Un jugo de naranja, un chocolate Block y un Philip de diez, por favor”, recuerdo pedirle a la cajera.
Busqué el diario local, y me senté en unos de esos bancos altos, con un mostrador que da vista a la estación. Leyendo sobre los nuevos convenios sobre el petróleo y la pesca entre Chubut y Santa Cruz, tome mi jugo y comí el chocolate. Debajo de esa noticia, había otra, en la que una mamá felicitaba a su hija por su titulo de Kinesióloga.
La gente entraba y salía de la Estación, y mi lectura era interrumpida ya que mi cabeza subía y bajaba buscándolo. Mientras encendí un cigarrilo, pense que él estaba durmiendo y si se hubiera despertado, como sabría que yo estaba ahí? Exhalé. Mi búsqueda era inútil.

Seguí leyendo, hasta que un tono musical proveniente de mi teléfono celular sonó.
Lo tomé y era un mensaje de texto que decía: “Donde estás caminadora?”. Sonreí. Me di cuenta de que linda era la sensación de tenerlo un poquito lejos y poder extrañarlo, y poder pensar en él. Son esos espacios vitales, que permiten fantasear y acordarse de momentos, de palabras, de miradas... Empezaba a sentirme bien, sabiendo que nos estábamos pensando...
Cerré el diario y escribí “En la estación de Servicio” pero al querer enviarlo, el teléfono me informa de la falta de crédito. Decidi irme al locutorio de enfrente para comprar una tarjeta.

-“No me quedan más” dijo la empleada, mientras me daba indicaciones para llegar al próximo lugar que podría tener.
Caminé por la misma calle por la cual llegue a la Estación. Al detenerme en una esquina, paso una camioneta azul, y el hombre que conducía me miró. Frenó y bajo la ventanilla. Al verlo, volví a sonreír.
Era él, buscando a la caminadora y la encontró.