Llegó a su casa agotada. Con cansancio, estrés, sentía que sus días avanzaban más rápidos y furiosos que otros, el tiempo se le esfumaba. Todo parecía pasar sin detenerse.
Dejó su cartera en el sillón y se sacó los zapatos.. respiró, contuvo el aire por unos segundos y exhaló despacio mientras observaba su casa.. empezó a caminar descalza queriendo sentir el piso frío en sus pies y jugaba con sus manos, tocando los muebles, siguiendo con su dedo índice los bordes de la mesa, las sillas.. como reconociendo su casa con otra mirada. Se ubicó en su sensibilidad desde un lugar nuevo, viendo todo como una niña que abre sus ojos por primera vez. Entendió que necesitaba vivir esa noche de una forma lenta.
Al pasar por la cocina, recordó las veces que tuvieron sexo ahí. Pero sólo pudo acordarse de todas esas veces en las que tuvo un orgasmo, en las que sintió que había tiempo para observarlo, y ver en sus gestos lo que le gustaba... y las que hubo risas por tropiezos y miradas cómplices hasta poder encontrar una posición agradable para los dos.. o las veces en que la comida se mezclaba entre sus cuerpos... él tomando un sorbo de vino, para después besarla con sabor a uvas.
Fue hasta el baño, que estaba seco y limpio, cerró sus ojos y al abrirlos lo imaginó húmedo, con toallas y ropa en el piso. Sus piernas ya no estaban con ella.. Estaban dentro de la bañera abiertas, sintiendo la cercanía de la pelvis de su hombre. Su cabeza se inclinaba hacia atrás, y su cuello comenzaba a mojarse al sentir los besos y la lengua de él que jugaba haciendo círculos, hasta llegar a sus oídos para gemirle despacio. Escucharlo gemir la excitaba tanto que en esos momentos desconocía si la bañera estaba ahí o volaba por la ciudad.
Llegó a la habitación descansada y con una sonrisa suave.. con la sensación de haber aterrizado de ese viaje urbano.
Se desvistió. Desabrochó el cierre de su falda, la deslizo despacio, y primero intentó reconocer la sensación de sus manos al rozar sus piernas y luego el sentir de sus piernas, por sus manos.
En la mesa de luz, tenía un aceite con olor a jazmín, lo destapó y comenzó a echar unas gotitas por sus brazos y observaba como su piel se iba mentolando y suavizando... Se recostó en la cama, y estaba quedándose dormida, cuando escuchó la llave en la cerradura de la puerta.
Al llegar, encontró la casa distinta.. las luces.. el aroma.. Dejó su mochila al lado de la cartera de su mujer, y fue a la habitación. La vio desnuda y serena, y de alguna forma logró conectarse con ella, sin necesidad de palabras. Se desnudó, fue hacia la cama, la besó mientras acariciaba su pelo y luego la abrazó fuerte, sin ningún pensamiento que atravesara el momento. Solos en la cama, desnudos en silencio, pero con el sonido de sus corazones.
Recostada sobre su pecho, sintió que el tiempo sólo lo marcaban sus latidos.
1 comentario:
Éste cuento es muy romántico, no es así? Me gusta mucho cómo escribís. Leíste mi cuento "EL sótano"?Opiná por favor sobre él, quiero saber qué produce ese realismo fantástico de un pasado real.
Publicar un comentario