martes, junio 30, 2009

Lavadero

La primera vez la despertó una voz nueva, casi extraña.
-"Voy al lavadero, te quedás durmiendo? o salimos juntos?"
"Mhm.. me quedo durmiendo"- Dijo, y automáticamente volvió a dormirse.

(No lo escuchó salir. No lo escuchó llegar)

La segunda vez la despertó con unos besos nuevos, casi extraños.
Sintió besos en la mejilla.
Besos en el cuello conjugados con un abrazo contenedor.
Hasta que de pronto aparecieron besos sueves, casi fantasmales en su boca.

Comenzaba a despertarse, a abrir sus ojos para entender qué día era, dónde estaba, y qué había pasado la noche anterior, a esta mañana tan dulce.

Pasó que escucharon música, hablaron, contaron anécdotas, proyectos, y hubo risas. Risas con ganas, con fuerza, sintiendo adrenalina de risa, carcajadas que al irse te dejan un exquisito dolor muscular en la boca y en la panza. Habían fumado, y esa mañana, las cajas de cigarrillo estaban vacías.

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